Más que ver bien
Una parte importante de las dificultades escolares se relaciona con problemas visuales que no se miden solo con una buena o mala «visión». Un niño puede ver bien y, aun así, no mantener la mirada en el libro más de diez minutos, no gustarle leer, llorarle o picarle los ojos, ver borrosa la pizarra al levantar la vista, confundir palabras, saltarse líneas o no comprender lo que lee aunque lea muy rápido.
Etapas
Del nacimiento a los 3 meses
Es una etapa monocular. Hay que dar la misma estimulación a un ojo y al otro. Conviene, por ejemplo, cambiar la posición de la cuna para que mire la luz de la ventana y la de la puerta desde ángulos distintos.
De los 3 meses al año
Entran en juego la manipulación y la locomoción. El bebé coge objetos, les presta atención poco rato e intenta llegar a ellos, primero arrastrándose y luego gateando. Así usa los dos lados del cuerpo y los dos ojos de forma coordinada.
De 1 a 3 años
La visión madura igual que la organización neuronal. El niño mantiene un equilibrio más preciso entre derecha e izquierda, delante y detrás, y se consolida el patrón contralateral.
De 3 a 6 años
Se desarrolla la visión, la percepción del espacio visual, el esquema corporal, la lateralidad y la direccionalidad. Ese movimiento coordinado del campo visual prepara el inicio de la lectoescritura.
De los 6 a los 12 años
Madura el sistema visual. En esta etapa hay que consolidar una visión eficaz, ligada a un buen rendimiento escolar.